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RAMON TRIGO
"De cómo la arquitectura es el hombre
y su entorno" 
E 27
Bajo la fría y burocrática denominación E 27, florece
plena de vida y color, la singular experiencia de un grupo humano que
creó una intrincada trama de relaciones, con una riqueza de valores que
trasciende todo planteo técnico para alcanzar una solución arquitectónica
a un problema dado. El arquitecto José Camarda uno de sus protagonistas,
ha volcado sus experiencias en las páginas del libro cuyo título encabeza
esta reseña. Basta con asomarse a la primera página para intuir que lo
que viene a continuación es mucho más que la descripción formal de un
"programa habitacional". Su trabajo -escribe- "con el tiempo fue convirtiéndose
en una especie de pasión; la pasión por el territorio, la familia oriental
y su historia, tan lejana para mí en el espacio de mis ocupaciones y en
el tiempo urgido de mis preocupaciones urbanas. Esa misma pasión me lleva
hoy a querer dejar escritas y documentadas en este trabajo, esta suerte
de experiencias en algo que no pretende ser ni un libro técnico, ni aspiración
de género literario alguno, sino el simple ordenamiento en gráficos y
palabras de algunas cosas de la memoria, las ideas, los pensamientos,
los estudios y porqué no las fantasías que se fueron juntando así, como
de forma natural, en el impreciso borde de la conciencia." (Pág.10) El
propósito de esta reseña es invitar al lector a disfrutar de una enriquecedora
experiencia que Camarda rescata de su memoria y quiere compartir con nosotros.
Hemos extractado algunos fragmentos de la obra -que reproducimos textualmente-
unidos por algún breve resumen necesario para la mejor comprensión de
su contenido. No obstante, recomendamos al lector ir directamente al libro.
No se arrepentirá.
EL LUGAR...
El poblado rural lo constituía un rancherío ubicado
en las proximidades del cruce de las rutas 26 y 44, a 50 km de la capital
departamental de Cerro Largo.
"Según datos obtenidos, los primeros pobladores del asentamiento
sobre la ruta 26 en el cruce con la 44 se instalaron alrededor de 1945,
afincándose en los límites de las estancias allí existentes, con preferencia
hacia los costados de ambas rutas. (Pág. 27) ... * El nombre que determina
al paraje parece ser que correspondió a
un vecino afincado en el lugar quien poseía la mayor parte de
las tierras. No se detectó otra razón que determinara su denominación".
(Pág. 28) El alcance del Programa E 27 del BHU consistía en la erradicación
global de dos asentamientos precarios("rancheríos"),
distantes entre sí aproximadamente un kilómetro, ubicados en el paraje
Ramón Trigo, con unas 52 familias (aproximadamente 200 personas). Un
sector -concentrado sobre la ruta 26 en el entronque con la ruta 44
a Frayle Muerto- lo constituían ranchos de intrusos en un predio de
propiedad privada; el otro estaba asentado también sobre una fracción
de propiedad privada -pero a modo de arrendamiento- adyacente a la escuela
rural de la zona, sobre la vieja ruta (hoy camino departamental) y la
nueva Ruta 44. Los dos sectores eran de características similares, unificados
solamente por una serie de servicios muy primarios: una escuela
rural, un puesto
policial, una capilla
religiosa donde funciona esporádicamente un servicio médico
ambulante, dos almacenes de ramos generales y un boliche. Sin saneamiento,
agua potable ni luz eléctrica. Consecuencia de las rudas condiciones
ambientales de higiene, una epidemia generalizada de hepatitis determinó
una cuarentena forzosa durante el año
1986.
...Y SU GENTE
Desde
el capítulo dedicado a la "tipología social" podemos empezar a conocer
de manera tangible a la gente de Ramón Trigo. ¿En qué trabaja? ¿Dónde?
¿Es joven o vieja? ¿Tiene lo necesario para vivir? ¿Es pobre? Las familias
¿son numerosas? La actividad agropecuaria constituye su principal fuente
de trabajo. El 48% de su población se define como peón rural y un 17%
realiza changas rurales. Otros hacen changas como domadores, alambradores,
caseros y ladrilleros. Completando el perfil laboral figuran los siguientes
oficios: doméstica de estancia, lavandera de estancia, capataz tractorista,
peón de taller mecánico, tejedora de abrigo de campaña, encargado de estancia,
mimbrero, constructor quinchero; finalmente una enfermera municipal y
un agente policial de destacamento local completan el cuadro de actividades.
Del estudio se desprende que el 70% tiene trabajo estable, pero sólo un
45% está afiliado a la Seguridad Social. El 85% de los asalariados percibe
menos de un salario mínimo nacional. Las fuentes de trabajo, en su mayoría
estancias, se encuentran a una distancia promedio de 15 km. En cuanto
a edades, el 62% correspondió a personas de 1 a 30 años. Las parejas están
formadas por jóvenes de 18 a 30 años en un 45% y por mayores de 41 en
un 40%. En esta variable se observa el perfil de "población joven" tanto
en la edad de sus miembros como en la edad de la pareja, ya que el 54%
de las uniones tiene menos de 10 años de constituida. La composición familiar
con relación al número de integrantes, está entre 2 y 4 personas en el
60% de los núcleos. La asistencia escolar resultó un 100%, no obstante
para el 2° ciclo de enseñanza la misma fue de sólo el 14%. La prestación
de los servicios médico-sanitarios depende en un 84% del carné de asistencia
del Ministerio de Salud Pública. En consecuencia en Ramón Trigo nos relacionamos
con una población condicionada por su medio -marginada rural- de bajos
ingresos, con situación laboral irregular que comienza a temprana edad,
y una capacidad de consumo insuficiente a nivel familiar. El difícil acceso
a medios de comunicación, transporte y servicios comunitarios, su bajo
nivel de preparación -sólo enseñanza primaria- y la precaria situación
ocupacional de la vivienda, le limitan definitivamente en sus posibilidades
de un mejor futuro. En medio de esta marginalidad, una niña de nueve años,
nos invita a participar de su visión fresca, llena de vida y color.
"En el Paraje de Ramón Trigo, concurro a la Escuela N°
83. Tengo amigas y amigos.En este pueblitotodo es alegría. Se construyeron
57 viviendas de las cuales 24 están habitadas. Tienen 3 habitaciones,
o sea, 1 cocina comedor y 2 . Yo y mi familia habitamos una. Es muy
linda. Le plantamos flores de jardín que dan una fragancia hermosa.
Cada día nos despertamos felices. En nuestra escuela también somos felices
compartiendo herramientas, lápices, gomas, colores y también tareas.
Hicimos una huerta. Está hermosa. Las niñas hicimos el jardín. La escuela
está rodeada de árboles y trinos. En la escuela también todo es alegría.
Es alegría ver niños y niñas compartiendo juegos, chistes, bromas. Todos
los días que vamos a la escuela, vemos niñas hablando y niños corriendo.
Pájaros rumbo a sus nidos, muchos con pichones. Es hermoso ver cómo
los pájaros también comparten. A mí me encantaría que todos tuvieran
lo que desean." Rita María Chavez 9 años - 3er. Año Escuela N° 83 Extraído
de "Donde yo vivo", Guía del Uruguay, relatada por niños. Selección
de las 179 mejores composiciones en un total de 7800 en el concurso
organizado por Montevideo Shopping en 1992. (Pág. 7)
EN BÚSQUEDA DE UNA NUEVA UBICACIÓN

"Recorrida el área, se determinaron las posibles tierras
a afectar para el nuevo asentamiento, en función de los parámetros espacio-funcionales
y socio-culturales ya consolidados en los pobladores. Considerando fundamentalmente
la estructura vial como determinante principal y el afincamiento actual
de los servicios primarios (escuela, parroquia y servicio médico, almacén
de ramos generales, etc.) se determinó un área notoriamente privilegiada
coincidiendo con uno de los asentamientos precarios localizado sobre
el Camino Departamental. A partir de allí se propone desarrollar un
agrupamiento que integre las dos poblaciones marginales caracterizadas
del área, con posibilidad de absorción paulatina y progresiva de los
pobladores dispersos en la zona. Este agrupamiento se trazará sobre
la base de un parcelamiento que tendrá como polo de desarrollo un centro
de servicios estructurado desde la localización actual de la escuela
rural y sobre un eje de composición marcado por el viejo camino vecinal".
(Págs. 88 y 89)
AFIRMANDO SU IDENTIDAD
"La composición espacial del nuevo centro de servicios
se apoya entonces en la presencia física de la escuela rural conformando
un agrupamiento básico integrado por ésta, un local comunal de uso múltiple,
la parroquia ya existente, los servicios públicos futuros elementales
(teléfono, telégrafo, correo, puesto policial, etc.) una policlínica
y farmacia y tal vez un centro comercial de ramos generales próximo.
La trama circulatoria se desarrolla básicamente desde el trazado de
la ruta departamental como eje estructurante del asentamiento poblacional
con su centro de servicios. Este núcleo de servicios en el entronque
con la ruta 44 facilita la conexión fluida de éste con el Centro de
Servicios de nivel superior en Frayle Muerto situado a unos 25 km y
a través de su proximidad con la ruta 26 permite tener el vínculo directo
con el Centro Departamental en Melo a unos 50 km. Tratamos así de respetar
el compromiso del hombre y su familia con ese nudo que es un símbolo
de su identidad, de su pertenencia, de su decir "yo soy de Ramón Trigo";
porque esa expresión cuando se dice quiere seguramente decir mucha cosa
que se asocia a su escuela, a su capilla, a su almacén, pero también
a cada humilde rincón del lugar, donde cada terrón es testigo entrañable
de la historia de varias generaciones. El nuevo centro desarrollado
a partir de la actual localización de la escuela y demás servicios,
tomados como espacios de confluencia social ya reconocidos como tal,
será así el núcleo embrionario desde donde se incentivará el sentido
comunitario y se afirmarán los valores grupales más nobles atesorados
por los pobladores desde el origen de su afincamiento, cuna de la realidad
y la leyenda. En este sentido parece natural respetar e integrar en
la composición arquitectónica, un valor de uso del suelo tan marcado
como es el "trillo" donde se corren periódicamente las cuadreras "a
beneficio" con su traza Norte-Sur de perfecta orientación y geometría
y su línea ordenada de eucaliptus formando el verde telón protector
del oriente." (Págs. 91 y 92)
EL NUEVO RAMON TRIGO
"Hacia mediados del 93 habían casi culminado las obras
de albañilería y la mayoría de las familias se iban mudando por sectores
a medida que las viviendas se daban por terminadas. A esa altura la
propia dinámica social impuesta por el transcurso del tiempo había hecho
que alguna de las familias censadas al principio, en 1987, se mudasen
a otros pagos; otras se habían desecho por separación y vuelto a formar
nuevos núcleos, en tanto los muchachos habían ido creciendo y en esos
cinco años se fueron consolidando otras jóvenes familias, inclusive
ya con hijos, de modo que toda esa movilidad fue obligando naturalmente
a ir armando un nuevo damero con las fichas censales atendiendo las
necesidades prioritarias y evolutivas. ... Lo cierto es que el entorno
todo, había pegado un salto cualitativo con las nuevas viviendas y el
reordenamiento de las parcelas, la estructura vial y los servicios comunitarios
básicos, de tal modo que de aquella montonera inicial de afincamientos
espontáneos, ya vencida, condenada posiblemente a ir desapareciendo
de a poco del mapa como tantos otros rancheríos fantasmas, parecía de
pronto surgir, más allá de su realidad inmediata, una esperanza de desarrollo
apuntando al futuro". (Págs. 117 y 118)
"YO LE COMPRO EL PUEBLO..."
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| El
boliche de Magdaleno |
"Este nuevo orden de las cosas alteraba no
solo la ubicación relativa de los moradores en el espacio geográfico
sino, en muchos casos, sus propios códigos de vida. De la misma manera
el apacible y tácito reparto de los servicios de aprovisionamiento de
víveres, alcohol y otros favores, se vio de pronto sacudido. (Pág. 118)
… Pero, por las razones que fuera, el tema de las resistencias de algunos
vecinos a mudarse al nuevo pueblito escapaban a nuestras posibilidades
como funcionarios del Banco Hipotecario. No obstante, fui con Matilde
muchas veces a visitar los ranchos en un tenaz intento por convencer
a la gente para incorporarse a esa tarea en que estábamos empeñados,
de mejorar entre todos la calidad de vida de las familias y en particular
de los niños, semillas del desarrollo del país del mañana. Pero no era
cosa fácil, sobre todo porque de allí nosotros nos volvíamos cada vez
a Montevideo y la gente quedaba a merced de la intriga y la cizaña local,
de las voces cotidianas agoreras que se convocaban como en un concierto
para sostener aquello que les venía tan bien desde la historia: la explotación
del hombre por el hombre. Un día don Pedro Maceira, dueño del campo
del pueblito de la ruta acudió al Banco Hipotecario para que le acompañásemos
a visitar las familias que aún seguían afincadas en sus tierras, a las
que tenía intenciones de desalojar y así lo hicimos con Matilde para
tratar de trasmitirle a la gente, una vez más, que el programa seguía
teniendo cabida si así lo decidían. La recorrida fue con suertes muy
diversas y las pocas negativas, que las hubieron, eran casi sin razones,
sin convencimiento, con resignación. Así anduvimos hasta que llegamos
al boliche de Magdaleno. Desde la puerta de baja altura, el interior
resultaba borroso por la espesura del humo de los cigarros y la falta
de luz natural. A la derecha, la esposa de Magdaleno miraba de soslayo
nuestra presencia como si no hubiésemos llegado, mientras parecía atender
a un parroquiano inexistente o invisible, ya que frente al bajo y tosco
mostrador de madera no había nadie. Matilde se asomó al marco despintado
de la puerta y preguntó con un gesto seguro y humilde: -Señora, queremos
hablar con el Sr. Magadaleno. La respuesta tardaba en llegar, como que
había que volver a preguntar de nuevo. A la izquierda, una serie de
paisanos bebían en silencio mirando la impenetrable distancia en la
profundidad de una de las pocas paredes de ladrillo asentadas en barro
conocidas en el pueblito de arriba, o fijando sus ojos atentos en el
juego que corría sobre la mesa de billar ubicada en el centro del local.
Uno de los que jugaba, el que estaba más cerca de la puerta, se dio
media vuelta para mirar hacia fuera, con las piernas semiabiertas, la
mano izquierda puesta en jarra sobre la cintura y la derecha agarrada
al taco de billar que apoyaba en el piso de tierra, como una lanza.
-Magdaleno soy yo, ¿Qué quiere? -Queremos hablar con Ud. -Bueno hable
-dijo seco, sin moverse de su lugar. -Señor, no podría Ud. salir a conversar
afuera- dijo Matilde. Magdaleno dio dos pasos hacia la puerta y Matilde
le dejó lugar corriéndose hacia un costado. Aquel, casi sin mirarla,
dijo: -"Con Ud. no. Voy a hablar con el señor". Y avanzando hacia don
Maceira, que había quedado rezagado entre Matilde y yo, le extendió
la mano para saludarlo con un fuerte apretón. -"¿Que lo trae por aquí,
don Maceira? -Bueno, Ud. sabe que mi padre les dio acá para vivir y
yo, también, luego los dejé quedarse sin cobrarles… pero ahora necesito
recuperar esta tierra. Como el Banco Hipotecario está haciendo viviendas
nuevas junto a la escuela y la gente quiere mudarse para allá… incluso
Ud. tiene derecho a una casa en ese programa… -Mire, don Maceira, yo
le hago una propuesta: le compro el pueblo", cortó Magdaleno con seguridad
aquel diálogo dubitativo. -"¿Cómo?…No…No está en venta el campo. -Bueno,
póngale precio. Yo le compro el pueblo y después vamos a ver si es cierto
que la gente quiere irse para las casas nuevas". Sentadas estaban así
las bases de la disputa sobre la tutoría o la propiedad de la suerte,
el destino y la vida misma. Evidentemente este tema allí no quedó resuelto."
(Págs. 121 a 123)
EL RANCHO
El 100% de las viviendas fueron tipificadas como rancho
(según el diccionario choza o casa pobre con techumbre de ramas o paja
fuera de poblado), construídas de paja y/o adobe con techo de quincha.
"Como dice Daniel Vidart : "El rancho, que muchos tradicionalistas
proclaman de rancio origen criollo, es de neta ascendencia española.
El nombre, las formas -los ranchos de "culata" y "doble culata" son
típicos de las Islas Canarias- el plan constructivo, todo ha venido
de España". "En Ramón Trigo, en su gran mayoría los ranchos existentes
eran del tipo "doble culata" o "cola de pato", es decir, que respondían
al modelo clásico del rancho a cuatro aguas de nuestro medio rural y
en general el planteo estructural era el llamado "palo a pique" y la
construcción de los paramentos verticales, predominantemente de fajina
de muy prolija ejecución." (Pág. 63) "Las puertas frecuentemente son
de hoja partida al medio, como las puertas de las caballerizas, para
que la parte de abajo actúe al cerrarse de contención a la entrada de
animales y la parte superior haga las veces de ventana. Las ventanas,
cuando las hay, son en general pequeñas, siendo esto una característica
generalizada de las viviendas del rancherío rural, notoriamente negativa."
(Pág. 65)
INTIMIDADES
"El equipamiento interior, muy sencillo, mezcla herencias
de tradición en espuelas de adorno, rebenques, lazos y otras artes de
guasquería, retratos de abuelos y de caudillos políticos, de casamientos
de vaporosas novias formales, imágenes de "la Virgen María" entre celestial
y pagana, caritas de bebes convencionales, "Jesús-Cristo" rozagante,
ecuestres estampas de los dueños de casa como majestuosos domadores
o altivos centauros, jinetes con sus inconfundibles atuendos criollos,
compitiendo con briosas estampas de "o Glorioso Sao Jorge" clavando
su lanza en la boca del dragón y ataviado con fluorescentes fantasías
abrasileradas, confusa mezcla de Santo y "Ogún", divinidad de los ritos
Umbanda. Arraigada mística cristiana de cuño hispánico y paganismo,
en esa cadencia que desde el "castilhao" al "bayano", sacude la confusa
línea fronteriza de territorios y culturas, a varios kilómetros hacia
uno y otro lado de sus marcos de señalamiento. En esa mezcla, que de
ser urbana sería discepoliana, se codean rústicos bancos de tronco,
viejos muebles de descarte de las estancias, con sillones "de bagayo",
tapizados en vistosas panas acrílicas, fogones o cocinas económicas
de hierro fundido y humeante leña de monte ardiendo, cocinas a supergás
de voluminosas garrafas que llegan en tandas de a 6 u 8 desde Aceguá
por el camino de los kileros, completando su carga con una bolsa de
papa brasilera y algún casillero de "Coca-Cola" luciendo su inconfundible
"Conteudo neto"." (Págs. 65 y 66)
HACIA FUERA
"Cada vivienda en general tiene uno o dos cuerpos conformando
una especie de patio con latas herrumbradas haciendo las veces de macetas
llenas de plantas en flor, y el baño, una construcción precaria, alejada
de "las casas" por razones fundamentalmente higiénicas y culturales.
El espacio exterior es generalmente muy importante; porción de libertad
propia cobijada bajo una anacahuita u otro "árbol de sombra" donde se
aletargan las horas de la siesta -y de las otras-, porque "a los hombres
de acá, dos por tres los ataca la cansera", como me dijo una vecina
del poblado que sabía muy bien que la "cansera" del paisano es algo
más ancestral, más entrañable, mística y ritual; muy diferente al "cansancio"
cotidiano, determinado y concreto del obrero urbano." (Pág. 66)
EL NUEVO RANCHO
"Hemos
tratado de tomar como base el modelo de vida creado por los pobladores
de la zona, con sus modestos y escasos recursos materiales y su gran
creatividad popular, para poner nuestra técnica al servicio del hombre
pero respetando el producto cultural, todo ese acervo de su acción,
de su ingenio, para valorizarlo y enriquecerlo, como una manera de respetarlo
así también como individuo, con su personalidad, sus costumbres, sus
tradiciones, su historia. Partiendo de lo que el hombre hace espontáneamente,
tradicionalmente, con ese amor por lo suyo tan enraizado, y que no lo
hace mejor, no porque no sepa hacerlo sino porque no tiene recursos
suficientes para mejorarlo; tomando ese "saber hacer" del hombre lugareño,
se busca lograr un producto dignificado por la tecnología como forma
de dignificar así también su patrimonio más caro que es el vínculo que
lo une a su tierra. Hemos procurado un modelo
de vivienda con calor local, hemos pensado en una organización
espacio-funcional adaptada a los valores y costumbres de la zona, tratando
de no imponer fórmulas importadas de ninguna especie. Hemos, por ejemplo,
tratado de rescatar el quinchado como techo de las viviendas y de los
edificios públicos..." (Págs. 97 y 98)
QUINCHADO, PIOJILLO Y LUNA MENGUANTE

"Los datos eran empíricos y el conocimiento casi intuitivo,
difícil de sistematizar, pero íbamos teniendo algunas ideas básicas,
como ser que por cada casa se necesitaban unos setecientos mazos de
paja y que una persona podría cortar entre veinte y ochenta mazos por
día, con esa laxitud que tiene en este medio la precisión de la información.
Pero primero había que "abrir el pajonal" y además el corte debía producirse
sólo cuando se hiciera el cuarto menguante para que la paja no tuviera
"piojillo" y no se pudriera. Además era necesario que no hubiera llovido
para poder entrar al campo y siempre el corte debía hacerse quince días
antes de su uso, período en el cual se oreaba al sol aunque procurando
que quedara con humedad para que no se resecara. Obviamente, desde ese
momento, cuanta planificación y cronogramas tiempo-obra intentaba, terminaba
inexorablemente en la papelera. A mí, como buen montevideano, confieso
que aquello de la luna, el menguante y los piojillos, al principio me
sonaba un tanto a brujería ante la que me costaba disimular una sonrisa
al menos de incredulidad, hasta que unos meses más adelante, don Villanueva
que fue uno de los primeros en mudarse a las viviendas, cuando le pregunté
cómo se sentía en su nueva casa, esperando ansioso una satisfactoria
respuesta de aprobación me dijo:" (Pág. 110)
"Y …UNO ACÁ DENTRO NO SE PUEDE DORMIR...
...porque por las noches se revuelca de desesperación en
la cama por los piojillos". "También me dijo que estos no se veían pero
que "lo llegan a enloquecer a uno". Ese día me vino el alma a los pies.
Aquel "vicio de construcción" no era una humedad ni una fisura, un caño
obstruido o una abertura que no cerraba bien, quejas contra las que,
en mi larga vida profesional ya estaba vacunado. Aquello era algo que
"ni se veía", era como cosa de "mandinga". Entonces pregunté a un amigo,
Carlos Bermúdez, hombre de campo de los pagos de Durazno y me explicó,
y así lo tomé, sin preocuparme ya demasiado por su rigor científico:
"Cuando el corte no se produce en menguante los huevos del piojillo
están en todo su vigor y se siguen reproduciendo en la paja cortada
que conserva su savia por más que los mazos se abran y se oreen al sol.
El piojillo -me dijo- no es un bicho de sangre como la pulga, es decir,
no pica, pero caminan por miles sobre el cuerpo produciendo una sensación
enloquecedora". Si uno extiende una sábana blanca bajo una quincha con
piojillo, al cabo de unas horas puede ver con una buena lupa miles de
animalitos insignificantes que caminan de un lado para otro" y esa acción
sobre el cuerpo podría coincidir con aquello que me decía don Villanueva,
que "uno se revuelca de desesperación". Le pregunté a mi amigo Bermúdez
qué debía hacerse en esas circunstancias y con esa sabiduría tan típica
del hombre de campo me dijo: "Y … cuando el piojillo se ganó el techo
hay que quemar el rancho". Felizmente, Branca consiguió en la frontera
un producto brasilero fulminante para los piojillos y creo que al cabo
de unos días don Villanueva pudo dormir en paz y yo también." (Págs.
110 y 111)
TIJERAS, TIRANTES, PIES DE GALLO Y VAREJONES
"Otra sorpresa nos deparaba el tema de los palos, porque
aunque parezca tarea simple, no era fácil conseguir en las inmediaciones
toda la madera disponible de un saque para enmaderar cincuenta y siete
viviendas. Según los datos de don Acevedo se necesitaban unos catorce
árboles de eucaliptus de entre 8 y 10 años de edad por casa para seleccionar
todos los palos necesarios para cumbreras,
soleras, tijeras, tirantes, pies de gallo y varejones, lo cual
obligaba a obtener para toda la obra unos 800 árboles (algo así como
unas 2 há de monte parejo). Por supuesto que aquí no terminaba todo
porque también este corte debía hacerse en menguante pues de lo contrario
los troncos tienen mucha savia y luego se abren y se reviran totalmente."
(Pág. 111) "Cuando se nos fue el primer susto frente a aquel dominio
implacable de la naturaleza, logramos con el Ing. Ruben Novo, técnico
de la empresa contratista y hombre de vastos conocimientos y espíritu
creativo, proyectar una sustitución de todo aquel volumen de troncos
brutos por una racional utilización de las escuadrías de madera trabajada,
necesaria para estructurar la forma de la cubierta ya diseñada. En la
obra se trabajó alternativamente con ambas
soluciones, más que nada presionados en cada momento por
las posibilidades del mercado de obtener suministros en tiempo y forma
y a costos razonables, que por otras consideraciones de carácter técnico
y/o culturales, apuntando en un caso a lo telúrico o folclórico, con
más mano de obra de armado y preparación artesanal en el campo, o bien
a una racionalización y un montaje más ágil con un previo proceso de
industrialización en taller. Creo que ambas son igualmente válidas.
Por otra parte nunca resultaba demasiado fácil hacer comparaciones de
rendimientos muy precisos para cada tarea, ni plantearse exigencias
o expectativas demasiado exageradas con respecto a cada cambio ensayado.
Más vale, había que acostumbrarse siempre a tomar las cosas como venían
y con cierta calma, porque como bien decía uno de los lugareños contratados
para enmaderar los techos: "Yo trabajo sin apuro, no quiero que me agarre
esa enfermedad nueva, el "estrés"." (págs. 112 y 113)

UN CAMINO EN LA ESPERANZA
"Cada
uno de nosotros, actores de esta trama, a su medida hemos ido logrando
el milagro o tal vez, simplemente, el resultado de un empecinamiento
esperanzadamente válido más allá de los tiempos históricos, de abrir
los carriles a través de una pequeñísima, insignificante brecha que
seguramente insistirá recurrente en la Cuchilla de San Ramón para que
transite por ella el empuje de
un puñado de nuestra gente en la intención de mejorar su
calidad de vida: Bienvenidos sean los que se sigan incorporando." José
Camarda *
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