Artigas    Concurso pintura  Academia Nal. de Letras Ramon Trigo
 

 

RAMON TRIGO

"De cómo la arquitectura es el hombre y su entorno"

E 27

Bajo la fría y burocrática denominación E 27, florece plena de vida y color, la singular experiencia de un grupo humano que creó una intrincada trama de relaciones, con una riqueza de valores que trasciende todo planteo técnico para alcanzar una solución arquitectónica a un problema dado. El arquitecto José Camarda uno de sus protagonistas, ha volcado sus experiencias en las páginas del libro cuyo título encabeza esta reseña. Basta con asomarse a la primera página para intuir que lo que viene a continuación es mucho más que la descripción formal de un "programa habitacional". Su trabajo -escribe- "con el tiempo fue convirtiéndose en una especie de pasión; la pasión por el territorio, la familia oriental y su historia, tan lejana para mí en el espacio de mis ocupaciones y en el tiempo urgido de mis preocupaciones urbanas. Esa misma pasión me lleva hoy a querer dejar escritas y documentadas en este trabajo, esta suerte de experiencias en algo que no pretende ser ni un libro técnico, ni aspiración de género literario alguno, sino el simple ordenamiento en gráficos y palabras de algunas cosas de la memoria, las ideas, los pensamientos, los estudios y porqué no las fantasías que se fueron juntando así, como de forma natural, en el impreciso borde de la conciencia." (Pág.10) El propósito de esta reseña es invitar al lector a disfrutar de una enriquecedora experiencia que Camarda rescata de su memoria y quiere compartir con nosotros. Hemos extractado algunos fragmentos de la obra -que reproducimos textualmente- unidos por algún breve resumen necesario para la mejor comprensión de su contenido. No obstante, recomendamos al lector ir directamente al libro. No se arrepentirá.

EL LUGAR...

El poblado rural lo constituía un rancherío ubicado en las proximidades del cruce de las rutas 26 y 44, a 50 km de la capital departamental de Cerro Largo.

 

"Según datos obtenidos, los primeros pobladores del asentamiento sobre la ruta 26 en el cruce con la 44 se instalaron alrededor de 1945, afincándose en los límites de las estancias allí existentes, con preferencia hacia los costados de ambas rutas. (Pág. 27) ... * El nombre que determina al paraje parece ser que correspondió a un vecino afincado en el lugar quien poseía la mayor parte de las tierras. No se detectó otra razón que determinara su denominación". (Pág. 28) El alcance del Programa E 27 del BHU consistía en la erradicación global de dos asentamientos precarios("rancheríos"), distantes entre sí aproximadamente un kilómetro, ubicados en el paraje Ramón Trigo, con unas 52 familias (aproximadamente 200 personas). Un sector -concentrado sobre la ruta 26 en el entronque con la ruta 44 a Frayle Muerto- lo constituían ranchos de intrusos en un predio de propiedad privada; el otro estaba asentado también sobre una fracción de propiedad privada -pero a modo de arrendamiento- adyacente a la escuela rural de la zona, sobre la vieja ruta (hoy camino departamental) y la nueva Ruta 44. Los dos sectores eran de características similares, unificados solamente por una serie de servicios muy primarios: una escuela rural, un puesto policial, una capilla religiosa donde funciona esporádicamente un servicio médico ambulante, dos almacenes de ramos generales y un boliche. Sin saneamiento, agua potable ni luz eléctrica. Consecuencia de las rudas condiciones ambientales de higiene, una epidemia generalizada de hepatitis determinó una cuarentena forzosa durante el año 1986.

...Y SU GENTE

Desde el capítulo dedicado a la "tipología social" podemos empezar a conocer de manera tangible a la gente de Ramón Trigo. ¿En qué trabaja? ¿Dónde? ¿Es joven o vieja? ¿Tiene lo necesario para vivir? ¿Es pobre? Las familias ¿son numerosas? La actividad agropecuaria constituye su principal fuente de trabajo. El 48% de su población se define como peón rural y un 17% realiza changas rurales. Otros hacen changas como domadores, alambradores, caseros y ladrilleros. Completando el perfil laboral figuran los siguientes oficios: doméstica de estancia, lavandera de estancia, capataz tractorista, peón de taller mecánico, tejedora de abrigo de campaña, encargado de estancia, mimbrero, constructor quinchero; finalmente una enfermera municipal y un agente policial de destacamento local completan el cuadro de actividades. Del estudio se desprende que el 70% tiene trabajo estable, pero sólo un 45% está afiliado a la Seguridad Social. El 85% de los asalariados percibe menos de un salario mínimo nacional. Las fuentes de trabajo, en su mayoría estancias, se encuentran a una distancia promedio de 15 km. En cuanto a edades, el 62% correspondió a personas de 1 a 30 años. Las parejas están formadas por jóvenes de 18 a 30 años en un 45% y por mayores de 41 en un 40%. En esta variable se observa el perfil de "población joven" tanto en la edad de sus miembros como en la edad de la pareja, ya que el 54% de las uniones tiene menos de 10 años de constituida. La composición familiar con relación al número de integrantes, está entre 2 y 4 personas en el 60% de los núcleos. La asistencia escolar resultó un 100%, no obstante para el 2° ciclo de enseñanza la misma fue de sólo el 14%. La prestación de los servicios médico-sanitarios depende en un 84% del carné de asistencia del Ministerio de Salud Pública. En consecuencia en Ramón Trigo nos relacionamos con una población condicionada por su medio -marginada rural- de bajos ingresos, con situación laboral irregular que comienza a temprana edad, y una capacidad de consumo insuficiente a nivel familiar. El difícil acceso a medios de comunicación, transporte y servicios comunitarios, su bajo nivel de preparación -sólo enseñanza primaria- y la precaria situación ocupacional de la vivienda, le limitan definitivamente en sus posibilidades de un mejor futuro. En medio de esta marginalidad, una niña de nueve años, nos invita a participar de su visión fresca, llena de vida y color.

"En el Paraje de Ramón Trigo, concurro a la Escuela N° 83. Tengo amigas y amigos.En este pueblitotodo es alegría. Se construyeron 57 viviendas de las cuales 24 están habitadas. Tienen 3 habitaciones, o sea, 1 cocina comedor y 2 . Yo y mi familia habitamos una. Es muy linda. Le plantamos flores de jardín que dan una fragancia hermosa. Cada día nos despertamos felices. En nuestra escuela también somos felices compartiendo herramientas, lápices, gomas, colores y también tareas. Hicimos una huerta. Está hermosa. Las niñas hicimos el jardín. La escuela está rodeada de árboles y trinos. En la escuela también todo es alegría. Es alegría ver niños y niñas compartiendo juegos, chistes, bromas. Todos los días que vamos a la escuela, vemos niñas hablando y niños corriendo. Pájaros rumbo a sus nidos, muchos con pichones. Es hermoso ver cómo los pájaros también comparten. A mí me encantaría que todos tuvieran lo que desean." Rita María Chavez 9 años - 3er. Año Escuela N° 83 Extraído de "Donde yo vivo", Guía del Uruguay, relatada por niños. Selección de las 179 mejores composiciones en un total de 7800 en el concurso organizado por Montevideo Shopping en 1992. (Pág. 7)

EN BÚSQUEDA DE UNA NUEVA UBICACIÓN

"Recorrida el área, se determinaron las posibles tierras a afectar para el nuevo asentamiento, en función de los parámetros espacio-funcionales y socio-culturales ya consolidados en los pobladores. Considerando fundamentalmente la estructura vial como determinante principal y el afincamiento actual de los servicios primarios (escuela, parroquia y servicio médico, almacén de ramos generales, etc.) se determinó un área notoriamente privilegiada coincidiendo con uno de los asentamientos precarios localizado sobre el Camino Departamental. A partir de allí se propone desarrollar un agrupamiento que integre las dos poblaciones marginales caracterizadas del área, con posibilidad de absorción paulatina y progresiva de los pobladores dispersos en la zona. Este agrupamiento se trazará sobre la base de un parcelamiento que tendrá como polo de desarrollo un centro de servicios estructurado desde la localización actual de la escuela rural y sobre un eje de composición marcado por el viejo camino vecinal". (Págs. 88 y 89)

 

 

 

 

 

AFIRMANDO SU IDENTIDAD

"La composición espacial del nuevo centro de servicios se apoya entonces en la presencia física de la escuela rural conformando un agrupamiento básico integrado por ésta, un local comunal de uso múltiple, la parroquia ya existente, los servicios públicos futuros elementales (teléfono, telégrafo, correo, puesto policial, etc.) una policlínica y farmacia y tal vez un centro comercial de ramos generales próximo. La trama circulatoria se desarrolla básicamente desde el trazado de la ruta departamental como eje estructurante del asentamiento poblacional con su centro de servicios. Este núcleo de servicios en el entronque con la ruta 44 facilita la conexión fluida de éste con el Centro de Servicios de nivel superior en Frayle Muerto situado a unos 25 km y a través de su proximidad con la ruta 26 permite tener el vínculo directo con el Centro Departamental en Melo a unos 50 km. Tratamos así de respetar el compromiso del hombre y su familia con ese nudo que es un símbolo de su identidad, de su pertenencia, de su decir "yo soy de Ramón Trigo"; porque esa expresión cuando se dice quiere seguramente decir mucha cosa que se asocia a su escuela, a su capilla, a su almacén, pero también a cada humilde rincón del lugar, donde cada terrón es testigo entrañable de la historia de varias generaciones. El nuevo centro desarrollado a partir de la actual localización de la escuela y demás servicios, tomados como espacios de confluencia social ya reconocidos como tal, será así el núcleo embrionario desde donde se incentivará el sentido comunitario y se afirmarán los valores grupales más nobles atesorados por los pobladores desde el origen de su afincamiento, cuna de la realidad y la leyenda. En este sentido parece natural respetar e integrar en la composición arquitectónica, un valor de uso del suelo tan marcado como es el "trillo" donde se corren periódicamente las cuadreras "a beneficio" con su traza Norte-Sur de perfecta orientación y geometría y su línea ordenada de eucaliptus formando el verde telón protector del oriente." (Págs. 91 y 92)

EL NUEVO RAMON TRIGO

"Hacia mediados del 93 habían casi culminado las obras de albañilería y la mayoría de las familias se iban mudando por sectores a medida que las viviendas se daban por terminadas. A esa altura la propia dinámica social impuesta por el transcurso del tiempo había hecho que alguna de las familias censadas al principio, en 1987, se mudasen a otros pagos; otras se habían desecho por separación y vuelto a formar nuevos núcleos, en tanto los muchachos habían ido creciendo y en esos cinco años se fueron consolidando otras jóvenes familias, inclusive ya con hijos, de modo que toda esa movilidad fue obligando naturalmente a ir armando un nuevo damero con las fichas censales atendiendo las necesidades prioritarias y evolutivas. ... Lo cierto es que el entorno todo, había pegado un salto cualitativo con las nuevas viviendas y el reordenamiento de las parcelas, la estructura vial y los servicios comunitarios básicos, de tal modo que de aquella montonera inicial de afincamientos espontáneos, ya vencida, condenada posiblemente a ir desapareciendo de a poco del mapa como tantos otros rancheríos fantasmas, parecía de pronto surgir, más allá de su realidad inmediata, una esperanza de desarrollo apuntando al futuro". (Págs. 117 y 118)

"YO LE COMPRO EL PUEBLO..."

El boliche de Magdaleno

"Este nuevo orden de las cosas alteraba no solo la ubicación relativa de los moradores en el espacio geográfico sino, en muchos casos, sus propios códigos de vida. De la misma manera el apacible y tácito reparto de los servicios de aprovisionamiento de víveres, alcohol y otros favores, se vio de pronto sacudido. (Pág. 118) … Pero, por las razones que fuera, el tema de las resistencias de algunos vecinos a mudarse al nuevo pueblito escapaban a nuestras posibilidades como funcionarios del Banco Hipotecario. No obstante, fui con Matilde muchas veces a visitar los ranchos en un tenaz intento por convencer a la gente para incorporarse a esa tarea en que estábamos empeñados, de mejorar entre todos la calidad de vida de las familias y en particular de los niños, semillas del desarrollo del país del mañana. Pero no era cosa fácil, sobre todo porque de allí nosotros nos volvíamos cada vez a Montevideo y la gente quedaba a merced de la intriga y la cizaña local, de las voces cotidianas agoreras que se convocaban como en un concierto para sostener aquello que les venía tan bien desde la historia: la explotación del hombre por el hombre. Un día don Pedro Maceira, dueño del campo del pueblito de la ruta acudió al Banco Hipotecario para que le acompañásemos a visitar las familias que aún seguían afincadas en sus tierras, a las que tenía intenciones de desalojar y así lo hicimos con Matilde para tratar de trasmitirle a la gente, una vez más, que el programa seguía teniendo cabida si así lo decidían. La recorrida fue con suertes muy diversas y las pocas negativas, que las hubieron, eran casi sin razones, sin convencimiento, con resignación. Así anduvimos hasta que llegamos al boliche de Magdaleno. Desde la puerta de baja altura, el interior resultaba borroso por la espesura del humo de los cigarros y la falta de luz natural. A la derecha, la esposa de Magdaleno miraba de soslayo nuestra presencia como si no hubiésemos llegado, mientras parecía atender a un parroquiano inexistente o invisible, ya que frente al bajo y tosco mostrador de madera no había nadie. Matilde se asomó al marco despintado de la puerta y preguntó con un gesto seguro y humilde: -Señora, queremos hablar con el Sr. Magadaleno. La respuesta tardaba en llegar, como que había que volver a preguntar de nuevo. A la izquierda, una serie de paisanos bebían en silencio mirando la impenetrable distancia en la profundidad de una de las pocas paredes de ladrillo asentadas en barro conocidas en el pueblito de arriba, o fijando sus ojos atentos en el juego que corría sobre la mesa de billar ubicada en el centro del local. Uno de los que jugaba, el que estaba más cerca de la puerta, se dio media vuelta para mirar hacia fuera, con las piernas semiabiertas, la mano izquierda puesta en jarra sobre la cintura y la derecha agarrada al taco de billar que apoyaba en el piso de tierra, como una lanza. -Magdaleno soy yo, ¿Qué quiere? -Queremos hablar con Ud. -Bueno hable -dijo seco, sin moverse de su lugar. -Señor, no podría Ud. salir a conversar afuera- dijo Matilde. Magdaleno dio dos pasos hacia la puerta y Matilde le dejó lugar corriéndose hacia un costado. Aquel, casi sin mirarla, dijo: -"Con Ud. no. Voy a hablar con el señor". Y avanzando hacia don Maceira, que había quedado rezagado entre Matilde y yo, le extendió la mano para saludarlo con un fuerte apretón. -"¿Que lo trae por aquí, don Maceira? -Bueno, Ud. sabe que mi padre les dio acá para vivir y yo, también, luego los dejé quedarse sin cobrarles… pero ahora necesito recuperar esta tierra. Como el Banco Hipotecario está haciendo viviendas nuevas junto a la escuela y la gente quiere mudarse para allá… incluso Ud. tiene derecho a una casa en ese programa… -Mire, don Maceira, yo le hago una propuesta: le compro el pueblo", cortó Magdaleno con seguridad aquel diálogo dubitativo. -"¿Cómo?…No…No está en venta el campo. -Bueno, póngale precio. Yo le compro el pueblo y después vamos a ver si es cierto que la gente quiere irse para las casas nuevas". Sentadas estaban así las bases de la disputa sobre la tutoría o la propiedad de la suerte, el destino y la vida misma. Evidentemente este tema allí no quedó resuelto." (Págs. 121 a 123)

EL RANCHO

El 100% de las viviendas fueron tipificadas como rancho (según el diccionario choza o casa pobre con techumbre de ramas o paja fuera de poblado), construídas de paja y/o adobe con techo de quincha.

"Como dice Daniel Vidart : "El rancho, que muchos tradicionalistas proclaman de rancio origen criollo, es de neta ascendencia española. El nombre, las formas -los ranchos de "culata" y "doble culata" son típicos de las Islas Canarias- el plan constructivo, todo ha venido de España". "En Ramón Trigo, en su gran mayoría los ranchos existentes eran del tipo "doble culata" o "cola de pato", es decir, que respondían al modelo clásico del rancho a cuatro aguas de nuestro medio rural y en general el planteo estructural era el llamado "palo a pique" y la construcción de los paramentos verticales, predominantemente de fajina de muy prolija ejecución." (Pág. 63) "Las puertas frecuentemente son de hoja partida al medio, como las puertas de las caballerizas, para que la parte de abajo actúe al cerrarse de contención a la entrada de animales y la parte superior haga las veces de ventana. Las ventanas, cuando las hay, son en general pequeñas, siendo esto una característica generalizada de las viviendas del rancherío rural, notoriamente negativa." (Pág. 65)

INTIMIDADES

"El equipamiento interior, muy sencillo, mezcla herencias de tradición en espuelas de adorno, rebenques, lazos y otras artes de guasquería, retratos de abuelos y de caudillos políticos, de casamientos de vaporosas novias formales, imágenes de "la Virgen María" entre celestial y pagana, caritas de bebes convencionales, "Jesús-Cristo" rozagante, ecuestres estampas de los dueños de casa como majestuosos domadores o altivos centauros, jinetes con sus inconfundibles atuendos criollos, compitiendo con briosas estampas de "o Glorioso Sao Jorge" clavando su lanza en la boca del dragón y ataviado con fluorescentes fantasías abrasileradas, confusa mezcla de Santo y "Ogún", divinidad de los ritos Umbanda. Arraigada mística cristiana de cuño hispánico y paganismo, en esa cadencia que desde el "castilhao" al "bayano", sacude la confusa línea fronteriza de territorios y culturas, a varios kilómetros hacia uno y otro lado de sus marcos de señalamiento. En esa mezcla, que de ser urbana sería discepoliana, se codean rústicos bancos de tronco, viejos muebles de descarte de las estancias, con sillones "de bagayo", tapizados en vistosas panas acrílicas, fogones o cocinas económicas de hierro fundido y humeante leña de monte ardiendo, cocinas a supergás de voluminosas garrafas que llegan en tandas de a 6 u 8 desde Aceguá por el camino de los kileros, completando su carga con una bolsa de papa brasilera y algún casillero de "Coca-Cola" luciendo su inconfundible "Conteudo neto"." (Págs. 65 y 66)

HACIA FUERA

"Cada vivienda en general tiene uno o dos cuerpos conformando una especie de patio con latas herrumbradas haciendo las veces de macetas llenas de plantas en flor, y el baño, una construcción precaria, alejada de "las casas" por razones fundamentalmente higiénicas y culturales. El espacio exterior es generalmente muy importante; porción de libertad propia cobijada bajo una anacahuita u otro "árbol de sombra" donde se aletargan las horas de la siesta -y de las otras-, porque "a los hombres de acá, dos por tres los ataca la cansera", como me dijo una vecina del poblado que sabía muy bien que la "cansera" del paisano es algo más ancestral, más entrañable, mística y ritual; muy diferente al "cansancio" cotidiano, determinado y concreto del obrero urbano." (Pág. 66)

EL NUEVO RANCHO

"Hemos tratado de tomar como base el modelo de vida creado por los pobladores de la zona, con sus modestos y escasos recursos materiales y su gran creatividad popular, para poner nuestra técnica al servicio del hombre pero respetando el producto cultural, todo ese acervo de su acción, de su ingenio, para valorizarlo y enriquecerlo, como una manera de respetarlo así también como individuo, con su personalidad, sus costumbres, sus tradiciones, su historia. Partiendo de lo que el hombre hace espontáneamente, tradicionalmente, con ese amor por lo suyo tan enraizado, y que no lo hace mejor, no porque no sepa hacerlo sino porque no tiene recursos suficientes para mejorarlo; tomando ese "saber hacer" del hombre lugareño, se busca lograr un producto dignificado por la tecnología como forma de dignificar así también su patrimonio más caro que es el vínculo que lo une a su tierra. Hemos procurado un modelo de vivienda con calor local, hemos pensado en una organización espacio-funcional adaptada a los valores y costumbres de la zona, tratando de no imponer fórmulas importadas de ninguna especie. Hemos, por ejemplo, tratado de rescatar el quinchado como techo de las viviendas y de los edificios públicos..." (Págs. 97 y 98)

QUINCHADO, PIOJILLO Y LUNA MENGUANTE

 

 

 

 

 

 

"Los datos eran empíricos y el conocimiento casi intuitivo, difícil de sistematizar, pero íbamos teniendo algunas ideas básicas, como ser que por cada casa se necesitaban unos setecientos mazos de paja y que una persona podría cortar entre veinte y ochenta mazos por día, con esa laxitud que tiene en este medio la precisión de la información. Pero primero había que "abrir el pajonal" y además el corte debía producirse sólo cuando se hiciera el cuarto menguante para que la paja no tuviera "piojillo" y no se pudriera. Además era necesario que no hubiera llovido para poder entrar al campo y siempre el corte debía hacerse quince días antes de su uso, período en el cual se oreaba al sol aunque procurando que quedara con humedad para que no se resecara. Obviamente, desde ese momento, cuanta planificación y cronogramas tiempo-obra intentaba, terminaba inexorablemente en la papelera. A mí, como buen montevideano, confieso que aquello de la luna, el menguante y los piojillos, al principio me sonaba un tanto a brujería ante la que me costaba disimular una sonrisa al menos de incredulidad, hasta que unos meses más adelante, don Villanueva que fue uno de los primeros en mudarse a las viviendas, cuando le pregunté cómo se sentía en su nueva casa, esperando ansioso una satisfactoria respuesta de aprobación me dijo:" (Pág. 110)

"Y …UNO ACÁ DENTRO NO SE PUEDE DORMIR...

...porque por las noches se revuelca de desesperación en la cama por los piojillos". "También me dijo que estos no se veían pero que "lo llegan a enloquecer a uno". Ese día me vino el alma a los pies. Aquel "vicio de construcción" no era una humedad ni una fisura, un caño obstruido o una abertura que no cerraba bien, quejas contra las que, en mi larga vida profesional ya estaba vacunado. Aquello era algo que "ni se veía", era como cosa de "mandinga". Entonces pregunté a un amigo, Carlos Bermúdez, hombre de campo de los pagos de Durazno y me explicó, y así lo tomé, sin preocuparme ya demasiado por su rigor científico: "Cuando el corte no se produce en menguante los huevos del piojillo están en todo su vigor y se siguen reproduciendo en la paja cortada que conserva su savia por más que los mazos se abran y se oreen al sol. El piojillo -me dijo- no es un bicho de sangre como la pulga, es decir, no pica, pero caminan por miles sobre el cuerpo produciendo una sensación enloquecedora". Si uno extiende una sábana blanca bajo una quincha con piojillo, al cabo de unas horas puede ver con una buena lupa miles de animalitos insignificantes que caminan de un lado para otro" y esa acción sobre el cuerpo podría coincidir con aquello que me decía don Villanueva, que "uno se revuelca de desesperación". Le pregunté a mi amigo Bermúdez qué debía hacerse en esas circunstancias y con esa sabiduría tan típica del hombre de campo me dijo: "Y … cuando el piojillo se ganó el techo hay que quemar el rancho". Felizmente, Branca consiguió en la frontera un producto brasilero fulminante para los piojillos y creo que al cabo de unos días don Villanueva pudo dormir en paz y yo también." (Págs. 110 y 111)

TIJERAS, TIRANTES, PIES DE GALLO Y VAREJONES

"Otra sorpresa nos deparaba el tema de los palos, porque aunque parezca tarea simple, no era fácil conseguir en las inmediaciones toda la madera disponible de un saque para enmaderar cincuenta y siete viviendas. Según los datos de don Acevedo se necesitaban unos catorce árboles de eucaliptus de entre 8 y 10 años de edad por casa para seleccionar todos los palos necesarios para cumbreras, soleras, tijeras, tirantes, pies de gallo y varejones, lo cual obligaba a obtener para toda la obra unos 800 árboles (algo así como unas 2 há de monte parejo). Por supuesto que aquí no terminaba todo porque también este corte debía hacerse en menguante pues de lo contrario los troncos tienen mucha savia y luego se abren y se reviran totalmente." (Pág. 111) "Cuando se nos fue el primer susto frente a aquel dominio implacable de la naturaleza, logramos con el Ing. Ruben Novo, técnico de la empresa contratista y hombre de vastos conocimientos y espíritu creativo, proyectar una sustitución de todo aquel volumen de troncos brutos por una racional utilización de las escuadrías de madera trabajada, necesaria para estructurar la forma de la cubierta ya diseñada. En la obra se trabajó alternativamente con ambas soluciones, más que nada presionados en cada momento por las posibilidades del mercado de obtener suministros en tiempo y forma y a costos razonables, que por otras consideraciones de carácter técnico y/o culturales, apuntando en un caso a lo telúrico o folclórico, con más mano de obra de armado y preparación artesanal en el campo, o bien a una racionalización y un montaje más ágil con un previo proceso de industrialización en taller. Creo que ambas son igualmente válidas. Por otra parte nunca resultaba demasiado fácil hacer comparaciones de rendimientos muy precisos para cada tarea, ni plantearse exigencias o expectativas demasiado exageradas con respecto a cada cambio ensayado. Más vale, había que acostumbrarse siempre a tomar las cosas como venían y con cierta calma, porque como bien decía uno de los lugareños contratados para enmaderar los techos: "Yo trabajo sin apuro, no quiero que me agarre esa enfermedad nueva, el "estrés"." (págs. 112 y 113)

 

 

 

 

 

 

 

UN CAMINO EN LA ESPERANZA

"Cada uno de nosotros, actores de esta trama, a su medida hemos ido logrando el milagro o tal vez, simplemente, el resultado de un empecinamiento esperanzadamente válido más allá de los tiempos históricos, de abrir los carriles a través de una pequeñísima, insignificante brecha que seguramente insistirá recurrente en la Cuchilla de San Ramón para que transite por ella el empuje de un puñado de nuestra gente en la intención de mejorar su calidad de vida: Bienvenidos sean los que se sigan incorporando." José Camarda *